Y yo tengo el mío.
No es enfado, es decepción, es perder la ilusión. Pero tú no tienes culpa, soy yo la que se saltó las reglas del juego y se enamoró.
Ahora sólo tengo que llenarme de fuerzas y decírtelo.
Lo peor es que sé lo que voy a hacer... hoy empecé a utilizar mis propias reglas del juego... no lo notarás. Me alejaré haciéndote pensar que sólo quería lo que quería y no me diste, por falta de tiempo. Así no me echarás de menos, porque no te gustaré... y ya sólo me quedará desaparecer.
Sin hacer daño... sólo haciéndomelo a mí. Pero prefiero alejarme de ti, porque sé que tú no sientes nada más allá de la amistad, y eso es el dolor más grande que estoy sintiendo.
Que no te des cuenta... y que si lo haces no te alejes de mí para dejar de hacerme daño.
Ese medio beso, ni para ti ni para mí... fue, es y será el último.
Gracias por haberme hecho SENTIR.
Sí, esto es una despedida anunciada.

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